[SBM] Memorias de Manolo, preview exclusiva, parte 3

“Si la cerveza es lo más importante de mi vida, hay 3 cosas aún más importantes; mis dos hijas y mi difunta esposa, Menêa.

Son muchas las historias que me han llegado al oído a lo largo de los años. Algunas decían que era una prostituta a la que rescaté, otros que era una camarera de la que me enamoré e incluso he llegado a oír que era la hija de un senador federal en busca de una aventura para molestar a sus padres. Ninguna ha dado en el clavo.

Menêa y yo coincidimos por primera vez en la escuela de gastronomía. Yo era un estudiante y ella era una joven que había conseguido trabajo de limpieza en la escuela para pagarse un viaje por la galaxia.

Nuestra primera interacción fue…curiosa. Estaba con un amigo enseñándole una birra que habia creado cuando a él se le cayo al suelo cerca de donde Menêa acababa de limpiar. Mi “Noooooooo” resonó por la escuela y ella me dijo que tranquilo, que gracias por preocuparme pero que ahora lo limpiaba, que no pasaba nada. Le respondí con lo que en su momento parecía una cosa lógica, con un “no si lo decía por la birra”. Si, efectivamente quedé como un tremendo gilipollas y un borde del copón y ya no me dirigió una palabra en lo que restó de su contrato temporal.

Tuvieron que pasar 6 años hasta que la viera de nuevo. Estaba en mi bar de Bok sirviendo birra cuando ella entró. La reconocí al instante, los años le habían sentado bien y ya no era una mujer que pasara desapercibida. Se sentó y me pidió una birra sin fijarse demasiado en mi. Al reconocerla y con lo bien que me iba el negocio, le serví una de mis birras especiales y le dije “invita la casa y también se disculpa, la cerveza siempre ha sido mi gran amor, como puedes ver.”

A partir de ahí fueron numerosos años de viajes en mi Cobra mkiii a varios sitios. Su trabajo en el sector del entretenimiento holográfico le permitía conocer muchos sitios (y cervezas) interesantes y mi colección de grandes recuerdos creció casi al mismo ritmo que mi colección de birra. Cuando ambos crecieron lo suficiente decidimos casarnos.

Fue un dia mágico….creo. Nos casamos por lo birril, es decir, firmamos los papeles y bebimos junto a todos los invitados hasta no poder más. Muchos años después todavía tengo lagunas, pero recuerdo algo muy claramente; las dos firmas en el papel del acuerdo matrimonial. Me consta que hubo invitados que llegaron a tener hasta 4 días de resaca tras esa fiesta.

Cada día la echo más de menos, pero por suerte Laura (y ahora Fïgje) hacen que quiera seguir levantándome cada mañana. Jamás perdonaré a ese maldito mono lo que hizo. Jamás.”

Una memoria cargadita de recuerdos muy bonitos y algunos muy duros… Esta noticia ha sido traída por Bore Grett, recuerdo que todavía pueden votar por mí como redactor del mes!

A %d blogueros les gusta esto: